Hoy toca un post al más puro estilo abuelo cebolleta, que sólo hará gracia a los que en mayor o menor medida hayan vivido en Gijón durante la época que aquí se relata.
Me hago mayor, algo inevitable a lo que no le das importancia hasta que llegas a cierta edad. No es que yo tenga todavía una edad muy problemática, pero cuando todos los lugares a los que solías ir o por los que solías pasar desaparecen, es imposible no entrar en crisis existencial.
Todo esto viene porque leo en el periódico de ésta, mi ciudad, que cierran Novedades Eloína, una tienda mítica de textiles para el hogar. En la época en la que la novedad era ir a Portugal a por toallas y manteles, un señor funda esta tienda en Gijón declarando la misma calidad a un mejor precio, a la tienda le pone el nombre de su tía. Con su slogan “más barato que en Portugal” conquista Gijón. Recuerdo que mi madre y mi abuela alguna vez me llevaron siendo pequeña a hacer alguna compra. Entre todos sus productos se encontraban los tapetes, el producto estrella de los hogares de los 80 y 90. Hoy en día (y gracias al Cielo) la generación tapete está desapareciendo, supongo que ésta sea una de las causas de su cierre, ya que no hacen falta este tipo de tiendas teniendo Ikea o los grandes centros comerciales.
Novedades Eloína
No es que me suponga una gran pérdida el cierre de este comercio, pero es otra pequeña cosa más que desaparece para no volver. Mi primera gran pérdida fue el Tik, la discoteca de moda de mi época teen, ahora reconvertida en chalets adosados.
Discoteca de moda para la gente que estudiaba en los institutos públicos porque en esta, mi ciudad, había tres tipos de discotecas ordenadas rigurosamente por castas. El Tik para la gente normal, dónde convivía todo tipo de fauna desde pijos hasta canis pasando por teens del montón. Si ya eras más pijo y te salía urticaria si te juntabas con la prole disponías de dos lugares: El Oasis y el Jardín. El Oasis, discoteca que todavía sigue en funcionamiento para eventos especiales, véase nochevieja y fiestas de guardar, era poblado por teens del colegio La Asunción en su mayor parte, junto con especímenes del colegio opusiano Los Robles (únicamente masculino). De vez en cuando los teens normales emprendíamos la peregrinación hacia allí en modo visita de cortesía. Dónde fui menos, por no decir nada, fue al Jardín, punto de encuentro de pijos del instituto El Piles (instituto de Paula Prendes) en colaboración con toda la horda del colegio de los Jesuitas y el Valmayor (el opusiano de chicas). Al Jardín le empecé a dar uso en las fiestas universitarias y nocheviejas. Hasta entonces no era parada habitual, ya que queda fuera del centro urbano y a no ser que tuvieses moto, no salía a cuenta ir en taxi todos los fines de semana. Pues bien, el Jardín también ha cerrado sus puertas, ahora sólo se dedica a eventos festivos multitudinarios estilo fiestas universitarias y no sé cuanto tiempo más durará, pero no le veo yo mucho futuro.
Lo siguiente que se declaró en bancarrota fue el barrio L’arena, lugar de fiesta por antonomasia durante muchos años, dónde estaban los bares de moda, véase: el Mavi’s, Pibe’s, Asturking, Players, Koning, El Goteru, La Cueva, El trasgu… todos cerrados, no queda uno. El Trasgu por ejemplo, convertido en una pulpería, ¡Qué cara se me quedó al descubrirlo! ¿una pulpería, en serio? nos hacemos viejos. Ya no quedan más que los carteles de se alquila en ese barrio, no hay pruebas de que fuera el centro de movida teen durante más de una década.
Pub Mavi’s
Tanto el Tik al igual que las demás discotecas y el barrio L’arena eran perfectos para salir. Un poco alejados del centro, cercanos al Parque Isabel la Católica, allí no se molestaba a nadie y nadie te molestaba a ti. No como ahora, que el nuevo Tik se llama Tribeca y está en la plaza más céntrica de la ciudad, dónde los teens no tienen esparcimiento y les preocupa poco mantener la compostura. Así que a partir de las 6 de la tarde de un sábado cualquiera, si pasas por esa plaza o alrededores te encuentras todo tipo de vicio mostrado sin pudor, ya no se molestan ni en esconderse, también es cierto que los estados de embriaguez que alcanzan tampoco se lo permiten. ¡Ay cuando yo era joven! e iba al Tik a tomarme ¡un Rives azul con Coca cola! y corría cómo si me fuera la vida en ello a las 10 de la noche hacia la parada del bus, porque tenía que estar a las 10.30 en casa y ¡pobre del que no llegara!. Sin móviles, ¡que gran invento! llamar a casa justo a la hora que tenías que llegar diciendo que estabas tan lejos que no te iba a dar tiempo a llegar, ¡ay si te geolocalizaran, lo que podría haber pasado!
Ahora es cuando me doy cuenta que hablo como una abuela, yo, que llevo años intentado mantener vivo mi espíritu teen. Pero es que pasar por la plaza del Parchís y descubrir que la tienda más cool de ropa teneeger “Parchis” (menudo nombre más original ¿eh?) también echa su cierre, es muy duro. No porque comprase mucho ahí últimamente, pero tuve mi época, cuando era joven. Mi época de talla 38 en la que perfectamente me embutía en ropajes ceñidos sin ningún tipo de pudor y con mucho orgullo.
¡Ay, cómo hemos cambiado!











